miércoles, 18 de noviembre de 2015

CARTA A FRANCO QUE ESTAS EN LOS CIELOS. 2ª Parte



 
BASILICA SABTA MARIA DE LA SEO (MANRESA)
Mi General. Aquí está de nuevo este soldado. Para seguir narrándole los cambios que se han producido desde su partida. Perdone que lo narre en primera persona.  S. E. que estará donde los elegidos, podrá leer los corazones y, sabrá que no me guía ningún afán de protagonismo. A esa edad uno ya está de vuelta de vanidades. Lo hago porque me resulta más sencillo y, otra porque no es lo mismo narrar tus vivencias propias que las ajenas.

Me convocan a un acto en la Jefatura Comarcal del Movimiento, en la que hablaran unos mandos provinciales. Acudí y, nos reunimos unos cien miembros de la Guardia de Franco y, el Movimiento. El bueno de don Pedro, que no tenia malicia alguna, nos presenta a los oradores como si fuesen los Reyes Magos. Nos empiezan a contar que vendrán grandes cambios, pero que todo será de mentirijilla, que todo seguirá igual, que no disolverán nada del Movimiento. Que teníamos que seguir fielmente los dictados de la UCD, que todos ellos eran del Movimiento, camaradas nuestros y, no nos iban a traicionar. Todo el mundo estaba tragándose la milonga. En cuanto termino el primer orador entre grandes aplausos, me levante y, me dirigí a los presentes. Les desmonte todas sus mentiras, una a una. Los trate como lo que eran, una banda de traidores. Les comunique que la UCD había contactado conmigo, para que fuese el delegado comarcal, que me habían ofrecido un generoso sueldo y, lo rechace. Lo mismo que sucedió con Alianza Popular. Empecé a enumerarles los agravios que cada día, recibía S. E. en todos los medios de comunicación. Como las calles estaban tomadas por los marxistas y, como se perseguía a los nuestros. Como nuestros mandos alababan a los etarras como “luchadores antifranquistas y, por la libertad”. Y, no hace falta decir que se acabo el acto y, por poco los linchan.
 
MISA 20-N EN LA SANTA CUEVA DE MANRESA
Sabe S. E. que en aquel tiempo, era delegado de Fuerza Nueva. Así que desde ese momento, tuve que liderar con la Guardia de Franco y, el Movimiento por generación espontanea. Me propuse seguir como si S. E. estuviese vivo. Conmemorábamos todas las efemérides, desde el 18 de Julio, día de la Liberación, 20-N. En todos los actos, no podía faltar celebrar la Eucaristía. Íbamos por las calles con nuestras banderas y, camisas azules, como si nada estuviese cambiando. También por entonces era el presidente de la Asociación de Amigos del C.I.R. nº 10 y, las misas funerales por S. E. y, José Antonio. Lo convocaba a nombre de la Asociación, para que así las primeras autoridades; alcalde, concejales, tte. Coronel de la Guardia Civil, comisario de Policía Armada. Asistiesen a la misma. Los templos los llenábamos, pero no todo era tan fácil.
Nos cedían los templos, pero ningún sacerdote local quería oficiar la Eucaristía. Siempre tenía que ser el sacerdote don Ángel García de Barcelona. Un patriota de verdad. Valiente y, entregado a la causa. La última misa, me atreví en la Basílica de Nuestra Señora de la Seo. Creo que es el segundo templo más grande de Europa. El padre García de oficiante y, este que le escribe de monaguillo. Contratamos al organista de la basílica que, tenía una composición que se hizo ex profeso para su funeral en Madrid. Llenamos el templo. Todo iba bien… hasta que llego la hora del sermón. El padre García no tenía pelos en la lengua y, la emprendió contra Trancón y, los monseñores…  Tengo que reconocer que los aspavientos y, la declamación del reverendo, se asemejaban más a un mitin que a un sermón. De repente veo un sacerdote de la basílica que, hablaba con el organista y, este se va. Luego viene hacia mí y, me dice: “haz callar a ese tío”. Le respondí  que, si él quería terminar el santo oficio sí. Por supuesto se negó. Al poco desconecto la megafonía y, el padre García elevo más el tono. Como el padre se dio cuenta de la treta del sacerdote, la emprendió con él. Y, este respondía con aspavientos. Las autoridades se fueron marchando discretamente. Y, al final corto toda la iluminación. Solo alumbraban las velas. Pero todos permanecieron hasta el final. No cundió el pánico. Al día siguiente me comunican que la lápida por los Caídos que estaba en la fachada de la Basílica, estaba destrozada. Fuimos hacia allí y, tomamos la corona de laurel que el día antes, habíamos depositado en el monumento a los Caídos y, la colgamos en el lugar donde estuvo la lápida. Frente al templo había el albergue de los sacerdotes y, allí estaba el sacerdote  desafiándonos, junto con una chiquillería que entonaban el “Cara al Sol” en plan de mofa. Fui hacia ellos y, se metieron en el interior y, ya no me atreví a entrar. Hicimos un acto de desagravio, unas oraciones y, cantamos el “Cara al Sol” con los gritos de ritual. Acordamos hacer guardia toda la noche para que la corona no la quitaran. 
LAPIDA DE LOS SACERDOTES ASESINADOS EN MANRESA

Es muy penoso para mí, contarle todo esto a S. E. Salvo la vida de miles de sacerdotes, obispos y, monjas. Reconstruyo todos los templos que los rojos incendiaron o, dinamitaron. Salvo a millones de españoles que hubiesen sido torturados y, asesinados por su fe. Saco a los españoles de las catacumbas. Les dio una dignidad que nunca habían tenido. Y, ya en vida suya. Conspiraron contra S. E., se abrazaron a sus verdugos y, traicionaban no solo contra S. E., si no contra España y, nuestra propia Iglesia. Sacristías en Vascongadas, convertidas en polvorines y, refugio de etarras. Abrazando los separatismos más radicales y, violentos. Amparando y, justificando el terrorismo de ETA. Enterrando a los etarras como mártires, comparándoles con Jesucristo. Mientras a las víctimas se oficiaban los funerales por la noche y, tenían que entrar por la puerta de atrás. En mi ciudad fueron ejecutados treinta y cinco sacerdotes y, ciento veinte seglares. Solo quedo en pie la Basílica, convertida en una cuadra de caballerizas. En los primeros años de la “transición”, los pulpitos eran una tribuna de exaltación al marxismo. Así que, la conducta del padre García, era en clara respuesta a la deriva marxista de la Iglesia. Y, aquí voy a culparme de algo que tuve que hacer, para no salir vomitando de los templos en que acudía a misa. Me situaba frente al atril y, cuando el sacerdote se excedía en sus arengas, cuando faltaban al respeto que se merecía S. E., abría mi anorak y, el cura podía ver una garrota que estaba sujeta al pantalón. Era mano de santo. Inmediatamente la arenga, se convertía en sermón.
MISA 20-N EL PADRE GARCIA DE OFICIANTE
 
20-N MISA EN CASA CARIDAD. DE AHI LOS PRESENTES QUE TOMAMOS EL AUTOBUS HACIA EL VALLE DE LOS CAIDOS.
Mañana seguiré Excelencia. Interceda por España. Se lo suplico.


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