miércoles, 24 de marzo de 2010

INMIGRACION, EMIGRACION Y MADRE PATRIA

Todos los españoles nos sentimos orgullosos de haber descubierto America, lo que se creía eran las Indias. Como todas las colonizaciones, hubo sus excesos, pero desde un primer momento a los españoles les inquieto el trato que debían dar a los autóctonos.
Se formo el Consejo de Indias con tal de dar un trato humano y cristiano a los aborígenes recién conquistados. Su Majestad la reina Isabel, tres días antes de morir quiso plasmar y dar fe de su ultimo pensamiento ante esos nuevos hermanos, haciendo incluir en su testamento el ultimo texto: «Concedidas que nos fueron por la Santa Sede Apostólica las islas y la tierra firme del mar Océano, descubiertas y por descubrir, nuestra principal intención fue la de tratar de inducir a sus pueblos que abrazaran nuestra santa fe católica y enviar a aquellas tierras religiosos y otras personas doctas y temerosas de Dios para instruir a los habitantes en la fe y dotarlos de buenas costumbres poniendo en ello el celo debido; por ello suplico al Rey, mi señor, muy afectuosamente, y recomiendo y ordeno a mi hija la princesa y a su marido, el príncipe, que así lo hagan y cumplan y que éste sea su fin principal y que en él empleen mucha diligencia y que no consientan que los nativos y los habitantes de dichas tierras conquistadas y por conquistar sufran daño alguno en sus personas o bienes, sino que hagan lo necesario para que sean tratados con justicia y humanidad y que si sufrieren algún daño, lo repararen».
La expresión "madre patria", en idioma español, es especialmente popular en Hispanoamérica para referirse a España. En el período que abarca desde la llegada de los españoles a América y las primeras etapas del colonialismo, el término «madre patria» era empleado para referirse al territorio y la cultura española de la Península Ibérica. A pesar de la independencia de los pueblos en América y el drástico cambio del medioevo a la sociedad moderna, el término sigue siendo utilizado al referirse a España. (Wikipedia)
Cabe señalar que hasta los años setenta del siglo XX, España ha sido un país emisor de emigrantes. Se distingue dos grandes periodos de fuerte intensidad de este flujo. El primer periodo suele fijarse entre la década de los ochenta del siglo XIX y 1930. La segunda oleada se producirá entre los años cincuenta y mediados de los setenta del siglo pasado. Periodo en el que se produce el cambio de región prioritaria de los proyectos migratorios, que se dirigirán mayoritariamente hacia algunos países de Europa.
A su vez se produjeron emigraciones “económicas” a lo largo de todo el siglo XIX. Migraciones que continuarían en el siglo XX, con gran intensidad en algunos periodos. Hasta el año 1860 se calcula que salieron algo más de 200.000 emigrantes de España hacia América (fundamentalmente gallegos, canarios, asturianos y catalanes). Entre 1860 y 1969 abandonaron España cerca de 2.500.000 personas.
Esa emigración española por razones laborales a América tuvo su más importante cresta en los primeros años del siglo XX. Más de un millón de personas se lanzaron a “hacer las Américas” entre 1904 y 1913. La mayoría seguían siendo gallegos, canarios, asturianos y cántabros, deseosos de promoción social inalcanzable en regiones con fuertes excedentes de población rural. Estos emigrantes se establecieron fundamentalmente en Cuba, Argentina, Venezuela, Brasil y Uruguay. Hay que tener en cuenta que algo más de la mitad de los que partieron regresaron a España. Las migraciones masivas hacia América no solo procedieron de España. (melillense.info)
No hace falta decir que ante esas “invasiones” de españoles a Hispanoamérica. Nunca nos cerraron el paso. Incluso muchos llegaron a los puertos de las naciones hermanas con ni un solo documento de identidad, más indocumentados e ilegales que los hispanos que hoy recorren nuestras calles. Empezaron una nueva vida en esos países sin ninguna cortapisa, como el que cambia de región. Pudieron emplearse o iniciar un negocio sin impedimento alguno. Pudieron en todo momento atraer a sus familias sin ningún trámite de “reagrupamiento”. Sus crisis son crónicas en estos países y, no por ello dejaron de acogernos y mucho menos expulsarnos.
En los primeros años de la muerte del Caudillo, en las multitudinarias concentraciones del 20-N. en Madrid, había muchos hispanos enarbolando banderas de sus respectivos países y, eran especialmente acogidos con gozo por todos. D. Blas Piñar siempre iniciaba sus discursos con una alusión a los hijos de las naciones hermanas.
Franco siempre tuvo una deferencia hacia los países hispanos a los cuales estábamos muy estrechamente unidos. Tal es así que no rompió relaciones diplomáticas, ni comerciales ni se sumo al embargo con Cuba o después con el Chile de Allende, para no perjudicar a sus pueblos, pese que los regimenes le repugnaban.
Fue Argentina la primera en romper el aislacionismo que la comunidad internacional impuso a la España de Franco, con una ayuda que alimento a muchos estómagos españoles. Fue Chile el único país que acudió a las honras fúnebres del Caudillo con su Presidente y Jefe del Estado, general Pinochet al frente.
Mientras en nuestra Patria se reniega de todo lo español en varias regiones; como el idioma común y la fe católica, en nuestros países hermanos no hay una fisura en cuanto a que su idioma oficial es el español y su religión la católica.
De una década a esta parte. Quienes tenían más razones que nadie de dar buena acogida a esa oleada de inmigrantes hispanos, son los que se han convertido en sus verdugos. En vez de hacerles un sitio en sus filas para contrarrestar la invasión musulmana, se les vilipendia, insulta y quisieran arrojarlos al mar. Y, después aun se quejan de que arrojados a brazos de los independentistas, algunos agradezcan a quienes les acogen. Y, esos mismos luego el 12 de Octubre celebran el Día de la Hispanidad para mayor ignominia, hipocresía y falta de coherencia. Los nuevos ricos se vuelven olvidadizos y ni siquiera les tributan la reciprocidad por la acogida y el trato que recibieron nuestros ancestros.
Que hay bandas latinas, delincuentes y hasta zánganos de la estirpe hispana, no cabe duda. Que estos deben ser repudiados y expulsados es obvio. Pero la mayor parte de los inmigrantes de nuestras naciones hermanas, vienen a trabajar y aspiran a una vida mejor, como hicieron tantas generaciones de españoles. Que una banda de talibanes a estas alturas quiera impartir odio y expulsión a esa mayoría de hermanos, no es precisamente nada católico. Ese odio hacia quienes llevan nuestra misma sangre, apellidos, cultura y religión. Es algo que no va con la hidalguía española. Es más. Son ellos quienes deberían abandonar nuestro suelo patrio, porque ni siquiera se sienten hispanos. Miembros de un colectivo que en tiempos de los Austrias, con más altura de miras, los de aquí y los de allí mezclaron sus sangres y apellidos para hacer de todos una RAZA. Muchos de esos botarates metidos a caudillos y talibanes, pueden asistir a misa por el inmigración de sacerdotes hispanos, muchos templos no han cerrado por la feligresía de aquellos lares y, hoy y mañana necesitaran de esos braceros para realizar los trabajos que los autóctonos no quieren y, para poder cobrar sus pensiones. Con Felipe González alcanzamos una tasa de desempleo del 23% sin inmigrantes. Ahora con un 19% de desempleo, se quiere culpabilizar a quienes les ha alcanzado el mayor grado de paro, con lo que la tasa de nacionales en paro podría situarse en un 15%.
Tal y como pinta todo en esta España de las autonomías, las independencias, estatutos, la apostasía y corrupción. No sea que muchos tengan que emigrar hacia nuestros países hermanos y verse las caras de quienes fueron expulsados.

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