domingo, 28 de marzo de 2010

FRANCO EL PROCER DE LA PATRIA

“Españoles. Al llegar para mí la hora de rendir la vida ante el Altísimo y comparecer ante su inapelable juicio pido a Dios que me acoja benigno a su presencia, pues quise vivir y morir como católico. En el nombre de Cristo me honro, y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia, en cuyo seno voy a morir…”


Han pasado más de tres décadas desde aquella mañana en la que Arias Navarro, visiblemente emocionado y conteniendo las lágrimas, leía el Testamento político de Franco, ante la mirada atenta de millones de españoles tras los televisores. Todavía hoy la efeméride de este fallecimiento aquel día 20 de Noviembre de 1975, sigue siendo para el pueblo español una ineludible fecha de memoria y reflexión.



Las misas que se ofician por su alma en muchas provincias, o los documentales y programas con los que las televisiones nos bombardean durante estos días, nos recuerda a todos en este trigésimo tercer aniversario de su muerte a la persona de Francisco Franco, quien opiniones aparte, es indiscutiblemente una figura clave para entender el siglo XX.



Malogrado poco a poco por la deriva política y sobre todo moral de los que tras él continuaron al frente del Estado, analizar sus valores y cualidades como persona o reconocer sus logros con objetividad no solo es un tema tabú, sino que cualquier intento de mención a día de hoy choca contra un muro de sordera generalizada, que pone en tela de juicio la supuesta libertad de expresión de la que dicen gozamos.



Su fidelidad a Cristo en el terreno personal fue máxima, y en el terreno social y legislativo su régimen fue muestra de ello. El mismo Papa Juan XXIII afirmó “Promulga leyes católicas, ayuda a la Iglesia, es un buen católico… ¿Qué más quieren?”



Franco era un hombre íntegro, humilde y trabajador, vivió en actitud de servicio alejado de las riquezas, trabajando a diario en su pequeño despacho hasta que murió como uno más, en una habitación de la Seguridad Social en el hospital La Paz de Madrid. Prueba de ello es que todos los intentos de etiquetar a Franco de opulento o ladrón, han sido vanos. William Thomas, renombrado historiador norteamericano decía “Franco es un hombre honrado y modesto que no ambicionó nunca el poder, un caballero fiel a Dios y a su Patria”.



No es momento efectivamente para vivir mirando al pasado. Un pasado que yo no viví, pero sobre el que no se me puede negar la libertad y el derecho a formarme una opinión. Pero un día al año de recuerdo, de oración o de sencillo reconocimiento, es justo. “No olvidéis que los enemigos de España y de la civilización cristiana están alerta” decía Franco en sus últimas palabras “Quisiera, en mi último momento, unir los nombres de Dios y de España y abrazaros a todos para gritar juntos, por última vez, en los umbrales de mi muerte. Arriba España. Viva España.”



Javier Tebas

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