domingo, 18 de octubre de 2009

DE SORDOMUDOS


EMILIO UTGES HUERTA

No hace muchas décadas que, apenas existían los televisores. Recuerdo en los pueblos que de noche, los vecinos sacaban sus sillas, se unían como en un fuego de campamento. Estaban todos los componentes de la familia desde los crios a los ancianos. De repente surgía la conversación y, con avidez los crios escuchaban las sabias palabras de sus mayores con deleite. Transcurrían las horas sin apenas darse cuenta. Lo que se aprendía de aquellas tertulias. Aquello si que era el magisterio de una universidad.
Ahora ya no hay tiempo ni para educar a los hijos. Se parte de la premisa falsa de que lo mejor para ellos es ponerles una televisión en su cuarto con su PlayStation, un ordenador y, hasta a su abasto un móvil. Con ello los padres sienten la satisfacción de que sus vástagos están bien atendidos y, es una prueba de amor. Los abuelos o están en su casa consumiendo sus vidas o en una residencia. Así que el chaval, encuentra sus referentes y amigos en la cibernetica. Ni siquiera tienen espacio para el pensamiento.
La gente ya ha perdido la sana costumbre de dialogar. Aquellas largas y fecundas tertulias en el café se han cambiado por la navegación por Internet. Las cartas que antaño se cruzaban entre amantes, familiares y amigos. Escritas a puño y letra donde se respiraba la esencia de quien transmitia sus sentimientos y emociones. Han dado paso a los mensajes de movil, encima de la limitación de espacio, para abreviar aun más, se ha desarrollado una especie de morse que destroza la ortografia. No es de extrañar que universitarios cometan un cúmulo de faltas de niño de parvulos. Tenemos el correo electronico que podria ser lo más parecido a una carta de las de toda la vida. Pero va cayendo en deshuso porque supone una perdida de tiempo y el remitente se pone nervioso.
Te encuentras un conocido que hacia tiempo no veias y, tras el saludo de sorpresa, en vez de hablar, ponerse al día, se salda el encuentro con un “ya te llamare”. Llamada que por supuesto no se produce nunca. La falta de tiempo se ha convertido en un pecado más.
Los poderosos hablan por los codos cuando ante si tienen un microfono o una camara enfrente. Se sienten dioses impartiendo sus dictados “urbi et orbe”. El jefe nunca puede escuchar a sus empleados. Siente que son inferiores y nada importante les puede aportar. Se ha elaborado una escala social y, el que esta socialmente por encima de otro, cree que con ello nada tiene que aprender del inferior. De sabios y engreídos esta el mundo lleno que vive en su nube, sintiéndose el mejor. Esos dioses son los que nos han conducido a esta crisis mundial, pero ninguno de ellos se siente identificado como responsable, siempre sentirá de que la culpa es del inmediato superior. Así se ha creado la enorme masa de mediocres que tienen mando en plaza. Luego esos engolados presuntuosos, se echan en manos de la primera echadora de cartas que encuentran y, hasta confían rehacer sus amoríos con amarres de cualquier brujo que les vacía el bolsillo. No creen en Dios ni en las Sagradas Escrituras porque se sienten racionales y, sin embargo les cuesta poco caer en el cretinismo de dar fe al primer iluminado que encuentran.
Los inferiores como no pueden obtener la plaza de su superior, en sus complejos, lo lleva a la desesperación de competir con el con un automóvil igual o superior al del jefe. Es la formula de combatir su frustración y sus complejos, cuando por si mismo, en muchas ocasiones tiene autoridad moral suficiente.
Todo el mundo necesita sentirse parte de una tribu para no sentirse aislado. No pueden vivir de su propia personalidad. Unos pertenecen a un club social, otros fans de un equipo deportivo o de un cantante, otros a un partido político o a cualquier secta. Todo se hace en grupo. Las virtudes individuales, el carácter creativo del ser, carece de valor. Hay altos ejecutivos que no pueden hablar con sus subordinados, pero si hacer el payaso en un grupo de enajenados.
Se ha perdido el hábito de hablar. Casi todo se resume al clima para salir del apuro, porque se ha perdido el hábito. En cuanto a escuchar aun es más complicado. El superior quiere que de un titular, de las primeras palabras, como un gran dios adivino e inteligente, ahorrarse el resto de las explicaciones que profundizan y van al fondo de la cuestión. Hoy los detalles no cuentan. Así hemos llegado a un dialogo de sordomudos.
Eso si. Todo el mundo cree estar enterado de todo porque ve a su jefe de tribu en la tele dando su criterio. Lo que se repite una y mil veces acaba siendo verdad universal. Y, aun hay quien confía en salir de la crisis con ese marasmo de mediocres? Casi todo el mundo para no sentirse rechazado socialmente, en vez de custodiar su propia personalidad, prefiere diluirse en la masa.

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