martes, 30 de marzo de 2010

JESUCRISTO ES EL UNICO CAMINO

El mejor y único material que contamos para saber sobre la vida y pasión de Jesús son los evangelios, ya que contienen muchos datos biográficos y sólidos pero no son lo que hoy se conoce como relatos biográficos. La tarea principal de los evangelios, sin lugar a dudas es, dar testimonio de la buena nueva; que en la persona de Jesús se ha manifestado el amor del Padre para con nosotros los humanos. Dejando de lado muchos hechos históricos, pero subrayando su amor y el fruto de su sacrificio.

Desde el principio en el libro de Génesis se habla de Jesús  (aunque no en primera persona), y a lo largo de todos los libros que forman la Biblia el personaje principal es Jesús, es la resurrección, aunque algunos profetas llegaron a hablar del martirio, como lo hizo el Profeta Isaías:

“¡Miren¡ Mi siervo estará puesto en alto y ciertamente será elevado y ensalzado en gran manera al grado que muchos clavaran en Él sus ojos con asombro –tanto más fue la desfiguración en cuanto a su apariencia que la de cualquier otro hombre-”

De esta forma profetizada Isaías, pero de ahí en adelante cualquier otra revelación que Dios da a sus profetas es referente a la resurrección, solo Isaías nos habla de la flagelación, de cómo quedaría su apariencia después de sufrir en su propia carne el martirio que le llevo a la muerte, muerte injusta, pero, que en Él tomo sentido: murió para devolvernos lo que Adán perdió en el Edén.
Adán además de perder la autoridad, el derecho y, el dominio sobre la tierra, perdió el Espíritu Santo, El canal permanente de comunión constante con Dios.

Al Jesús morir, nos devolvió esa conexión directa con Dios  Padre, a través del Espíritu Santo. Como escribiría El apóstol San Pablo a la Iglesia de Galacia: “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.”


En estas fechas que deberían de ser de reflexión, quedaría demás escribir tantas cosas sobre la vida de nuestro Señor, solamente recordar que por su amor estamos vivos y en Él tenemos la esperanza de una vida mejor. La mujer cuando da a luz, tiene dolor, porque ha llegado su hora; pero después que ha dado a luz un niño, ya no se acuerda de la angustia, por el gozo de que haya nacido un hombre en el mundo.
También vosotros ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón, y nadie os quitará vuestro gozo. Con estas palabras Jesús consolaba a sus discípulos, según las palabras de San Juan.

Se que ahora sufrimos, lloramos, vivimos en un mundo donde reina la maldad, rodeados de egoísmo, personas que hoy te profesan amor, mañana te desprecian, muchas veces nos encontramos solos y vacíos, sin que nadie nos entienda y valore. Lloramos sin saber el porque, tenemos miedo a lo que nos deparara el futuro, miedo a que la muerte sea nuestra única escapatoria, porque ya no vivimos: sobrevivimos, en este mundo lleno de lágrimas.
Nos acostamos y no dormimos, despertamos y nos enfrentamos a nuestra más dura realidad: el vivir sin esperanza,
Trabajamos como esclavos, para que otros se beneficien del esfuerzo, sin poder quejarse, sin derecho a nada. Y así poder llevar un trozo de pan que humedecemos con lágrimas, y sollozos.
Pero sabemos que de todas estas cosas “nos librara el Señor”

Se que “muchas son las aflicciones del justo y que de todas ellas nos librara el Señor”, solo nos acordamos de Dios cuando estamos enfermos o sentimos próxima la muerte, no nos merecemos que Dios Padre nos llame a su diestra, hemos infringido todas las leyes, basta que se nos diga una cosa para que hagamos todo lo contrario, pero aun así de tal manera fue el amor de Dios Padre para con nosotros que dejo que su único Hijo muriera en la cruz para expiarnos de nuestros pecados.

Si me quedase con un versículo de los Evangelios, escogería aquel que dice: “Mi alma está triste hasta la muerte”, cuanto dolor sufrió Jesús por nosotros, viles pecadores. Todavía no lo puedo imaginar, sentirse próximo a su propia muerte, injusta, muerte que le fue ofrecida por nuestra culpa, muerte que llevo por nosotros. Como escribí antes no quería escribir hechos sobre la Pasión de Jesús, solo quería escribir de su amor y su bondad para con nosotros.

“Con misericordia y verdad, corrígenos de nuestros pecados;
Con tu temor apártanos del mal”.

Albert Martin Ayala

domingo, 28 de marzo de 2010

SEMANA SANTA EN ESPAÑA

FRANCO EL PROCER DE LA PATRIA

“Españoles. Al llegar para mí la hora de rendir la vida ante el Altísimo y comparecer ante su inapelable juicio pido a Dios que me acoja benigno a su presencia, pues quise vivir y morir como católico. En el nombre de Cristo me honro, y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia, en cuyo seno voy a morir…”


Han pasado más de tres décadas desde aquella mañana en la que Arias Navarro, visiblemente emocionado y conteniendo las lágrimas, leía el Testamento político de Franco, ante la mirada atenta de millones de españoles tras los televisores. Todavía hoy la efeméride de este fallecimiento aquel día 20 de Noviembre de 1975, sigue siendo para el pueblo español una ineludible fecha de memoria y reflexión.



Las misas que se ofician por su alma en muchas provincias, o los documentales y programas con los que las televisiones nos bombardean durante estos días, nos recuerda a todos en este trigésimo tercer aniversario de su muerte a la persona de Francisco Franco, quien opiniones aparte, es indiscutiblemente una figura clave para entender el siglo XX.



Malogrado poco a poco por la deriva política y sobre todo moral de los que tras él continuaron al frente del Estado, analizar sus valores y cualidades como persona o reconocer sus logros con objetividad no solo es un tema tabú, sino que cualquier intento de mención a día de hoy choca contra un muro de sordera generalizada, que pone en tela de juicio la supuesta libertad de expresión de la que dicen gozamos.



Su fidelidad a Cristo en el terreno personal fue máxima, y en el terreno social y legislativo su régimen fue muestra de ello. El mismo Papa Juan XXIII afirmó “Promulga leyes católicas, ayuda a la Iglesia, es un buen católico… ¿Qué más quieren?”



Franco era un hombre íntegro, humilde y trabajador, vivió en actitud de servicio alejado de las riquezas, trabajando a diario en su pequeño despacho hasta que murió como uno más, en una habitación de la Seguridad Social en el hospital La Paz de Madrid. Prueba de ello es que todos los intentos de etiquetar a Franco de opulento o ladrón, han sido vanos. William Thomas, renombrado historiador norteamericano decía “Franco es un hombre honrado y modesto que no ambicionó nunca el poder, un caballero fiel a Dios y a su Patria”.



No es momento efectivamente para vivir mirando al pasado. Un pasado que yo no viví, pero sobre el que no se me puede negar la libertad y el derecho a formarme una opinión. Pero un día al año de recuerdo, de oración o de sencillo reconocimiento, es justo. “No olvidéis que los enemigos de España y de la civilización cristiana están alerta” decía Franco en sus últimas palabras “Quisiera, en mi último momento, unir los nombres de Dios y de España y abrazaros a todos para gritar juntos, por última vez, en los umbrales de mi muerte. Arriba España. Viva España.”



Javier Tebas

jueves, 25 de marzo de 2010

MARCELLO PERA: GUERRA AL CRISTIANISMO

Fuente: Corriere della Sera, Milán, 17-03-2010

Esta guerra al cristianismo no sería tan peligrosa si los cristianos la advirtiesen

Por su especial interés damos a conocer una carta al director del periódico Corriere della Sera firmada por Marcello Pera. Pera es Senador de la República Italiana y profesor de filosofía, no es católico. Escribió diversos libros sobre la identidad cristiana de Europa, entre los que destacan: Senza radici, Pera, Marcello y Ratzinger, Joseph, Ed. Mondadori, Milano 2004; Perché dobbiamo dirci cristiani, Ed. Mondadori, Milano 2008, con prefacio del Papa Benedicto XVI.

Una agresión al Papa y a la democracia

Carta al director de Marcello Pera (Corriere della Sera, Milán, 17-03-2010, pag. 23). (Hemos resaltado algunos párrafos de la carta en negritas).

Estimado director:
La cuestión de los sacerdotes pedófilos u homosexuales desencadenada últimamente en Alemania tiene como objetivo al Papa. Pero se cometería un grave error si se pensase que el golpe no irá más allá, dada la enormidad temeraria de la iniciativa. Y se cometería un error aún más grave si se sostuviese que la cuestión finalmente se cerrará pronto como tantas otras similares. No es así. Está en curso una guerra. No precisamente contra la persona del Papa ya que, en este terreno, es imposible. Benedicto XVI ha sido convertido en invulnerable por su imagen, por su serenidad, su claridad, firmeza y doctrina. Basta su sonrisa mansa para desbaratar un ejército de adversarios.

No, la guerra es entre el laicismo y el cristianismo. Los laicistas saben bien que, si una mancha de fango llegase a la sotana blanca, se ensuciaría la Iglesia, y si fuera ensuciada la Iglesia lo sería también la religión cristiana. Por esto, los laicistas acompañan su campaña con preguntas del tipo «¿quién más llevará a sus hijos a la Iglesia?», o también «¿quién más mandará a sus chicos a una escuela católica?», o aún también «¿quién hará curar a sus pequeños en un hospital o una clínica católica?».

Hace pocos días una laicista ha dejado escapar la intención. Ha escrito: «La entidad de la difusión del abuso sexual de niños de parte de sacerdotes socava la misma legitimidad de la Iglesia católica como garante de la educación de los más pequeños». No importa que esta sentencia carezca de pruebas, porque se esconde cuidadosamente «la entidad de la difusión»: ¿uno por ciento de sacerdotes pedófilos?, ¿diez por ciento?, ¿todos? No importa ni siquiera que la sentencia carezca de lógica: bastaría sustituir «sacerdotes» con «maestros», o con «políticos», o con «periodistas» para «socavar la legitimidad» de la escuela pública, del parlamento o de la prensa. Lo que importa es la insinuación, incluso a costa de lo grosero del argumento: los sacerdotes son pedófilos, por tanto la Iglesia no tiene ninguna autoridad moral, por ende la educación católica es peligrosa, luego el cristianismo es un engaño y un peligro.

Esta guerra del laicismo contra el cristianismo es una batalla campal. Se debe llevar la memoria al nazismo y al comunismo para encontrar una similar. Cambian los medios, pero el fin es el mismo: hoy como ayer, lo que es necesario es la destrucción de la religión. Entonces Europa, pagó a esta furia destructora, el precio de la propia libertad. Es increíble que, sobre todo Alemania, mientras se golpea continuamente el pecho por el recuerdo de aquel precio que ella infligió a toda Europa, hoy, que ha vuelto a ser democrática, olvide y no comprenda que la misma democracia se perdería si se aniquilase el cristianismo.

La destrucción de la religión comportó, en ese momento, la destrucción de la razón. Hoy no comportará el triunfo de la razón laicista, sino otra barbarie. En el plano ético, es la barbarie de quien asesina a un feto porque su vida dañaría la «salud psíquica» de la madre. De quien dice que un embrión es un «grumo de células» bueno para experimentos. De quien asesina a un anciano porque no tiene más una familia que lo cuide.

De quien acelera el final de un hijo porque ya no está consciente y es incurable. De quien piensa que «progenitor A» y «progenitor B» es lo mismo que «padre» y «madre». De quien sostiene que la fe es como el coxis, un órgano que ya no participa en la evolución porque el hombre no tiene más necesidad de la cola y se mantiene erguido por sí mismo.

O también, para considerar el lado político de la guerra de los laicistas al cristianismo, la barbarie será la destrucción de Europa. Porque, abatido el cristianismo, queda el multiculturalismo, que sostiene que cada grupo tiene derecho a la propia cultura. El relativismo, que piensa que cada cultura es tan buena como cualquier otra. El pacifismo que niega que existe el mal.

Esta guerra al cristianismo no sería tan peligrosa si los cristianos la advirtiesen. En cambio, muchos de ellos participan de esa incomprensión. Son aquellos teólogos frustrados por la supremacía intelectual de Benedicto XVI. Aquellos obispos equívocos que sostienen que entrar en compromisos con la modernidad es el mejor modo de actualizar el mensaje cristiano. Aquellos cardenales en crisis de fe que comienzan a insinuar que el celibato de los sacerdotes no es un dogma y que tal vez sería mejor volver a pensarlo. Aquellos intelectuales católicos apocados que piensan que existe una «cuestión femenina» dentro de la Iglesia y un problema no resuelto entre cristianismo y sexualidad. Aquellas conferencias episcopales que equivocan en el orden del día y, mientras auspician la política de las fronteras abiertas a todos, no tienen el coraje de denunciar las agresiones que los cristianos sufren y las humillaciones que son obligados a padecer por ser todos, indiscriminadamente, llevados al banco de los acusados. O también aquellos embajadores venidos del Este, que exhiben un ministro de exteriores homosexual mientras atacan al Papa sobre cada argumento ético, o aquellos nacidos en el Oeste, que piensan que el Occidente debe ser «laico», es decir, anticristiano.

La guerra de los laicistas continuará, entre otros motivos porque un Papa como Benedicto XVI, que sonríe pero no retrocede un milímetro, la alimenta. Pero si se comprende por qué no cambia, entonces se asume la situación y no se espera el próximo golpe. Quien se limita solamente a solidarizarse con él es uno que ha entrado en el huerto de los olivos de noche y a escondidas, o quizás es uno que no ha entendido para qué está allí.
Marcello Pera
http://www.noticiasglobales.org

miércoles, 24 de marzo de 2010

ERA PEDRO EL GRANDE UN MONARCA CATALAN??


Gracia a los trabajos de restauración, en el monasterio de Santes Creus, últimamente se habla de Pedro el Grande; se ha descubierto que su tumba, permanece intacta (unas de las pocas en toda Europa), este descubrimiento se ha producido, por los trabajos de restauración del Museo de historia de Cataluña, coincidiendo con el 850 aniversario de dicho monumento funerario.

En realidad hasta aquí nada tiene de extraño. Pero los medios de comunicaciones, hablan del reciente hallazgo, refiriéndose a Pedro el grande "el monarca catalán" y que su reino se llamo "catalano-aragones".

Para explicar si esto es cierto, retrocederemos hasta el año 1137, año en que el Conde de Barcelona toma la regencia del Reino de Aragón.

El 11 de agosto del año de 1137, el Rey Ramiro II firmo en Barbastro un documento por el cual cedía a Ramón Berenguer IV el gobierno del reino (pero no la dignidad real), el rey y el conde aceptaron tales acuerdos y, Ramón Berenguer IV se casa con Petronila (infanta en aquel entonces, ya que contaba con 2 años de edad) y, Ramiro se retira al Monasterio de San Pedro el Viejo (Huesca).

La unión entre, Ramón Berenguer IV y Petronila, no fue la de Cataluña y Aragón, como suele repetirse; primero, porque no existía aún el nombre, ni la realidad completa de Cataluña; segundo, porque dentro del territorio Catalán convivían, junto al Condado de Barcelona, otros Condados independientes ( Rosellón, Ampurias, Urgel, Pallars Jussa, Pallars Subirá).

Ramón Berenguer IV, no utilizó, jamás el titulo de rey, ni tan siquiera después de efectuado el matrimonio con la Infanta Petronila (1151), o después de la muerte de Ramiro II (1154); adopto títulos como: Príncipe o Dominador de Aragón.

La verdad es que Ramiro cedió a Ramón Berenguer IV el reino, o sea la función real y el gobierno, pero no el título, ya que Ramiro no abdicó.  Conservo Él el titulo de Rey que, a su muerte (1154), heredo su hija Petronila. Como es sabido la costumbre Aragonesa vedaba el ejercicio de la función real a las mujeres, pero no la trasmisión del título real. Por ello, Petronila cedió el título de rey a su hijo Alfonso II  dos años después de la muerte de su esposo.

Los herederos de ramón Berenguer IV, adoptaron los títulos de “Rey de Aragón y Conde de Barcelona”, con lo cual el último título queda en segundo plano y prácticamente postergado (ello es una fuente de amargura para los historiadores nacionalistas).

Ramón Berenguer IV o sus antecesores,  pudieron, usar el título de rey, pero nunca el de Rey de Cataluña, palabra que aún no existía. Un conde de Barcelona sólo podía proclamarse Rey de Barcelona, aunque hubiera existido la palabra Cataluña, el Conde  de Barcelona no podía proclamarse Rey de Cataluña, porque como ya hemos dicho; el Condado de Barcelona no incluía todos los territorios Catalanes.

Por otra parte es de suponer que los Condes de Barcelona eran conscientes del problema jurídico que su decisión en tal sentido provocaría, dados los orígenes francos de dicho condado. Es de suponer que este fue el principal motivo que no aconsejó la unificación de Aragón y Cataluña.

Un condado tiene categoría inferior a un reino, por tal motivo no se podían unificar como un solo reino.

Respondiendo a la pregunta del titulo, la respuesta seria un NO, lo demás es lamentaciones estériles

Autor: Un inmigrante hispano que en tres años y, por su cuenta se ha convertido en un erudito sobre la Historia de España, corrigiendo textos y libros de historiadores. Si algun lector quiere preguntar acerca de nuestra Historia no dude en hacerlo que sera respondido. Anglada lo expulsaria cuando el no conoce ni la historia de su región. ¿Es justo eso? ¿Quien esta más integrado? 

INMIGRACION, EMIGRACION Y MADRE PATRIA

Todos los españoles nos sentimos orgullosos de haber descubierto America, lo que se creía eran las Indias. Como todas las colonizaciones, hubo sus excesos, pero desde un primer momento a los españoles les inquieto el trato que debían dar a los autóctonos.
Se formo el Consejo de Indias con tal de dar un trato humano y cristiano a los aborígenes recién conquistados. Su Majestad la reina Isabel, tres días antes de morir quiso plasmar y dar fe de su ultimo pensamiento ante esos nuevos hermanos, haciendo incluir en su testamento el ultimo texto: «Concedidas que nos fueron por la Santa Sede Apostólica las islas y la tierra firme del mar Océano, descubiertas y por descubrir, nuestra principal intención fue la de tratar de inducir a sus pueblos que abrazaran nuestra santa fe católica y enviar a aquellas tierras religiosos y otras personas doctas y temerosas de Dios para instruir a los habitantes en la fe y dotarlos de buenas costumbres poniendo en ello el celo debido; por ello suplico al Rey, mi señor, muy afectuosamente, y recomiendo y ordeno a mi hija la princesa y a su marido, el príncipe, que así lo hagan y cumplan y que éste sea su fin principal y que en él empleen mucha diligencia y que no consientan que los nativos y los habitantes de dichas tierras conquistadas y por conquistar sufran daño alguno en sus personas o bienes, sino que hagan lo necesario para que sean tratados con justicia y humanidad y que si sufrieren algún daño, lo repararen».
La expresión "madre patria", en idioma español, es especialmente popular en Hispanoamérica para referirse a España. En el período que abarca desde la llegada de los españoles a América y las primeras etapas del colonialismo, el término «madre patria» era empleado para referirse al territorio y la cultura española de la Península Ibérica. A pesar de la independencia de los pueblos en América y el drástico cambio del medioevo a la sociedad moderna, el término sigue siendo utilizado al referirse a España. (Wikipedia)
Cabe señalar que hasta los años setenta del siglo XX, España ha sido un país emisor de emigrantes. Se distingue dos grandes periodos de fuerte intensidad de este flujo. El primer periodo suele fijarse entre la década de los ochenta del siglo XIX y 1930. La segunda oleada se producirá entre los años cincuenta y mediados de los setenta del siglo pasado. Periodo en el que se produce el cambio de región prioritaria de los proyectos migratorios, que se dirigirán mayoritariamente hacia algunos países de Europa.
A su vez se produjeron emigraciones “económicas” a lo largo de todo el siglo XIX. Migraciones que continuarían en el siglo XX, con gran intensidad en algunos periodos. Hasta el año 1860 se calcula que salieron algo más de 200.000 emigrantes de España hacia América (fundamentalmente gallegos, canarios, asturianos y catalanes). Entre 1860 y 1969 abandonaron España cerca de 2.500.000 personas.
Esa emigración española por razones laborales a América tuvo su más importante cresta en los primeros años del siglo XX. Más de un millón de personas se lanzaron a “hacer las Américas” entre 1904 y 1913. La mayoría seguían siendo gallegos, canarios, asturianos y cántabros, deseosos de promoción social inalcanzable en regiones con fuertes excedentes de población rural. Estos emigrantes se establecieron fundamentalmente en Cuba, Argentina, Venezuela, Brasil y Uruguay. Hay que tener en cuenta que algo más de la mitad de los que partieron regresaron a España. Las migraciones masivas hacia América no solo procedieron de España. (melillense.info)
No hace falta decir que ante esas “invasiones” de españoles a Hispanoamérica. Nunca nos cerraron el paso. Incluso muchos llegaron a los puertos de las naciones hermanas con ni un solo documento de identidad, más indocumentados e ilegales que los hispanos que hoy recorren nuestras calles. Empezaron una nueva vida en esos países sin ninguna cortapisa, como el que cambia de región. Pudieron emplearse o iniciar un negocio sin impedimento alguno. Pudieron en todo momento atraer a sus familias sin ningún trámite de “reagrupamiento”. Sus crisis son crónicas en estos países y, no por ello dejaron de acogernos y mucho menos expulsarnos.
En los primeros años de la muerte del Caudillo, en las multitudinarias concentraciones del 20-N. en Madrid, había muchos hispanos enarbolando banderas de sus respectivos países y, eran especialmente acogidos con gozo por todos. D. Blas Piñar siempre iniciaba sus discursos con una alusión a los hijos de las naciones hermanas.
Franco siempre tuvo una deferencia hacia los países hispanos a los cuales estábamos muy estrechamente unidos. Tal es así que no rompió relaciones diplomáticas, ni comerciales ni se sumo al embargo con Cuba o después con el Chile de Allende, para no perjudicar a sus pueblos, pese que los regimenes le repugnaban.
Fue Argentina la primera en romper el aislacionismo que la comunidad internacional impuso a la España de Franco, con una ayuda que alimento a muchos estómagos españoles. Fue Chile el único país que acudió a las honras fúnebres del Caudillo con su Presidente y Jefe del Estado, general Pinochet al frente.
Mientras en nuestra Patria se reniega de todo lo español en varias regiones; como el idioma común y la fe católica, en nuestros países hermanos no hay una fisura en cuanto a que su idioma oficial es el español y su religión la católica.
De una década a esta parte. Quienes tenían más razones que nadie de dar buena acogida a esa oleada de inmigrantes hispanos, son los que se han convertido en sus verdugos. En vez de hacerles un sitio en sus filas para contrarrestar la invasión musulmana, se les vilipendia, insulta y quisieran arrojarlos al mar. Y, después aun se quejan de que arrojados a brazos de los independentistas, algunos agradezcan a quienes les acogen. Y, esos mismos luego el 12 de Octubre celebran el Día de la Hispanidad para mayor ignominia, hipocresía y falta de coherencia. Los nuevos ricos se vuelven olvidadizos y ni siquiera les tributan la reciprocidad por la acogida y el trato que recibieron nuestros ancestros.
Que hay bandas latinas, delincuentes y hasta zánganos de la estirpe hispana, no cabe duda. Que estos deben ser repudiados y expulsados es obvio. Pero la mayor parte de los inmigrantes de nuestras naciones hermanas, vienen a trabajar y aspiran a una vida mejor, como hicieron tantas generaciones de españoles. Que una banda de talibanes a estas alturas quiera impartir odio y expulsión a esa mayoría de hermanos, no es precisamente nada católico. Ese odio hacia quienes llevan nuestra misma sangre, apellidos, cultura y religión. Es algo que no va con la hidalguía española. Es más. Son ellos quienes deberían abandonar nuestro suelo patrio, porque ni siquiera se sienten hispanos. Miembros de un colectivo que en tiempos de los Austrias, con más altura de miras, los de aquí y los de allí mezclaron sus sangres y apellidos para hacer de todos una RAZA. Muchos de esos botarates metidos a caudillos y talibanes, pueden asistir a misa por el inmigración de sacerdotes hispanos, muchos templos no han cerrado por la feligresía de aquellos lares y, hoy y mañana necesitaran de esos braceros para realizar los trabajos que los autóctonos no quieren y, para poder cobrar sus pensiones. Con Felipe González alcanzamos una tasa de desempleo del 23% sin inmigrantes. Ahora con un 19% de desempleo, se quiere culpabilizar a quienes les ha alcanzado el mayor grado de paro, con lo que la tasa de nacionales en paro podría situarse en un 15%.
Tal y como pinta todo en esta España de las autonomías, las independencias, estatutos, la apostasía y corrupción. No sea que muchos tengan que emigrar hacia nuestros países hermanos y verse las caras de quienes fueron expulsados.

miércoles, 17 de marzo de 2010

DE HIPOCRITAS Y FARISEOS


La inmundicia lo copa todo. Como un virus se infiltra ante cualquier rendija. El sistema pudre por igual a sirios que troyanos. Al final todos los caminos van a parar al mismo callejón.
Unos se acusan a otros, pero al final tienen los mismos comportamientos. Se levantan “caudillos” con una voz que les determina a salvar el mundo. Se aprestan a resolver un problema y lo único que consiguen es crear de nuevos.
El sectarismo es la nota dominante. Ven en los demás los defectos que no quieren ver en ellos y su líder. Al que va ganando se le perdona todo. La gente siempre necesita estar cerca del poder, aunque sea ganado en mala lid. Pero llega un día que el engaño hace mella, se pierden votos y se cae en picado y, los sectarios abren los ojos y salen despavoridos en busca de un nuevo error. El género humano ha sido siempre igual. Hoy siguen multitudes y reciben a Jesús con vitores y palmas y a los cuatro días se cansan y lo cambian por Barrabas que es quien ven como ganador.
El género humano necesita de un líder o caudillo. Necesita sentirse arropado en un grupo o secta, por la cual pelearse. Casi nadie es capaz de sostener sus ideales en soledad. Nadie habla, ni escucha. ¡Impone! Hoy están aquí y mañana allí, cuando no en todos los sitios a la vez, aunque sean incompatibles.
Necesitan tener a mano la excusa a sus fracasos y frustraciones, buscando siempre a un enemigo al que culparle de todas sus desgracias. Quieren imponer sus leyes y formas de pensar, de la misma forma que rechazan a los contrarios.
Necesitan agredir y, nunca lo hacen con el fuerte, si no con el más débil, fruto de su cobardía y, encima se sienten valientes.
Cotillas como el que más, se va uno de un grupo y lo critican, y así sucesivamente hasta que solo quedan dos. Pero luego se reúnen otra vez y como si tal cosa, se toman unas cervezas.
Ya nada es lo que era. Católicos ultras que ni creen en Dios. Solo están para amonestar a los demás, con métodos y vocablos nada cristianos. La caridad no es precisamente su fuerte, si no más bien lo contrario. Su amor al prójimo es lo que les queda más alejado, haciendo de su hermano en Cristo su enemigo por el color de su piel o, seamos más realistas, por su pobreza. Que vivan las clases sociales. Eso si, para un coito en un burdel, puede ser lo más.
A lo largo de siglos hemos colonizado un continente, hemos mezclado sangre y apellidos, hemos entrado con lo puesto y sin papeles y, ninguno nos expulso. Celebramos la fiesta de la Hispanidad y por la noche el primero que se cruza se le da a la badana. Se les expulsa y repele aún rezando nuestras mismas doctrinas y en el mismo idioma, luego a misa como fariseos. Cuidado que esos países no apliquen la ley de reciprocidad que habría más en regresar que en salir. Cuidado también que en este país se están cambiando las tornas y en vez de receptor se esta volviendo  emisor. Cuidado porque ¿Quién cuidara de los ancianos padres que los hijos no quieren?. Cuidado porque ¿Quién pagara las pensiones?
Una cosa es rechazar a quienes quieren cambiar nuestras doctrinas, leyes y tradiciones. Y, otra cosa bien distinta es rechazar a quienes incluso nos pueden aportar y dar ejemplo.
Los pueblos son olvidadizos por naturaleza. El egoísmo ciega las mentes y perturba las acciones. No sea que quien juzga y condena este más cerca del pecado que el condenado. “No juzguéis y no seréis juzgados” “quien este limpio de pecado que tire la primera piedra” “tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber”….. hay mucho “talibán” suelto.
Lo que si tengo claro es que estos tiempos, el único alimento que no falta es el odio. Ya pocos están moralmente autorizados para dar lecciones a nadie, porque para ello se requiere un corazón limpio, un espíritu de grandeza y una altitud de miras. Se ha dejado la predicación por la condena “!Hipócrita! Primero extrae la viga de tu propio ojo, y entonces veras claramente como extraer la paja que esta en el ojo de tu hermano”. Hay un grupo en fb que reza asi: “por que el separatismo se considere un delito de alta traición”. Aplicarlo desde casa. Los caudillos nacen, no se hacen.
Despotricáis de vuestro monarca porque le acusáis de alta traición y no veis que amparáis la misma acción a un villano que eleváis en un trono. Vosotros miserables que no respetáis ni a los viejos. Vosotros que solo tenéis por blasón el culto al cuerpo y la fuerza. Vosotros que os embriagáis de poder. Vosotros que no conocéis el sacrificio por lo que decís luchar. Vosotros que habéis caído en el mismo bando y con las mismas armas con que queréis luchar.
El mundo ya no puede con tanto odio acumulado soportar. Os habéis alejado tanto de Jesucristo, que ya os habéis perdido en el camino. Un hombre pecador puede salvarse, pero un hombre sin corazón no! Ya no es posible tanta brutalidad. Es el todos contra todos, que diria Blas Piñar. Ni Dios que siempre esta con los suyos os reconoce. No puede ser discípulo quien solo imparte veneno.
“Por sus frutos los conoceris”. A los pueblos no los han movido nunca mas que los poetas y, ¡ay del que no sepa levantar, frente a la poesia que destruye, la poesia que promete! (José Antonio).